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Los sencillos están mucho más cerca de Jesús y llegan antes"

El sentido de la Navidad: generosidad y esperanza
Alumnes
30.11.2017
El sentido de la Navidad: generosidad y esperanza

¡Ya falta menos! Solo cuatro semanas y llegará la primera gran fiesta del año litúrgico: Navidad.

Como cada año, llega el frío, las castañas, y casi sin querer empezamos a ver cómo las tiendas y las calles empiezan a llenarse de colores rojos y dorados y todo el mundo se pone a preparar. ¡Qué importantes son los preparativos! Dicen que estamos en un mundo descristianizado y sin embargo todos preparan la celebración de esta fiesta... ¿por qué será tan importante? A lo mejor a algunos se les ha olvidado el motivo de la fiesta, pero lo cierto es que todos quieren celebrarla.

Nuestros niños nos ven y también nos ayudan a preparar la Navidad. Los mayores se acuerdan de otras navidades y empiezan a ilusionarse. Quieren poner el árbol, el belén y ya imaginan los regalos que traerán los Reyes Magos. Los más pequeños, de 2 o 3 años todavía, no saben qué encierra esta palabra: “Navidad”. Tienen tan poca experiencia que todavía no saben qué es Navidad. ¡Alguien tiene que contárselo! Es posible que alguno, a su manera, se pregunte, ¿por qué celebramos tanto esta fiesta?

¡Porque no es para menos! Celebramos que el Hijo de Dios ha nacido, ¡se ha hecho hombre! Este niño tan pequeño, este recién nacido al lado de su madre, en un pobre portal, es Dios, Dios con nosotros.

Dios es un gran pedagogo y siempre nos habla a través de los acontecimientos diarios. Nos enseña con cosas muy sencillas para que todos puedan entenderle, desde el niño más pequeño hasta la persona más sabia. Él también preparó la Navidad, la primera Navidad, durante mucho tiempo y no olvidó ningún detalle. La repetición siempre se ha usado como método para aprender. Desde hace más de dos mil años se celebra la Navidad y cada año, Dios mismo quiere enseñarnos algo nuevo. La Navidad es una gran escuela, a la que merece la pena asistir.

En el portal de Belén no había color rojo ni dorado. No había una gran cena ni luces ni velas, y cuando llegaron José y María no los esperaba nadie. El lugar era más bien oscuro y cuentan que había una mula y un buey. ¿Dios se había olvidado de algo en sus preparativos?..... En Belén lo material es pobrísimo, la riqueza está en las personas. Jesús no habría podido tener un nacimiento mejor, lo cuidaban la Virgen y San José. La intimidad de la Sagrada Familia es tan cálida, tan acogedora, tan... ¡Ojalá esta Navidad nuestras casas se parezcan a Belén, por su riqueza humana! El ambiente entre padres e hijos no se improvisa y una sola cara mala lo estropea todo. Aprovechemos el Adviento para ir preparando el ambiente familiar, entre todos.

La Virgen y San José asisten al nacimiento de Jesús y en el silencio de la noche, después de ponerlo cuidadosamente en un pesebre entre pajas, lo adoran. Silencio, adoración, cuidado de las cosas de Dios y para Dios. Todo esto nos lo enseñan de forma admirable, sin palabras, basta contemplar el Misterio de Belén. En casa, podemos preparar con mucho cuidado nuestro belén, las figuras de María, José y el Niño que nos ayudarán a pequeños y grandes a contemplar en silencio, a meditar y a rezar. Los niños saben muy bien cómo se hace: se meten en la escena, cogen las figuras, las mueven, les dan vida, y hablan con Jesús. Estas figuras son signo de algo más grande y real, que sucedió de verdad y que vuelve a pasar ahora, en la oración.

Jesús nace, y en seguida Dios manda a unos ángeles para que anuncien la gran noticia. Dios no calla las buenas noticias, corre a contárnoslas, a todos. Los primeros que reciben el anuncio son los pastores, los más sencillos. También los sabios reciben una señal, una gran estrella a la que seguir. Pero el camino de los sabios es más largo. Los sencillos están mucho más cerca de Jesús y llegan antes. Cuando llegan ante el Niño y su madre, todos hacen lo mismo, se arrodillan, adoran y rezan.

Los pastores llevan regalos, también los Reyes. Las personas materializamos nuestro amor y nuestra alegría con presentes. El regalo vale la pena, pero más importante es la razón de cariño por la que lo hacemos. Los regalos de los pastores son prácticos -quesos, gallinas, flores…Los Reyes Magos, más instruidos, traen unos regalos que nos explican quien es ese Niño que ha nacido: oro porque es Rey, incienso porque es Dios y mirra porque es hombre y va a morir. Para muchos la Navidad ha quedado reducida a los regalos materiales, su abundancia puede cegarnos y hacernos olvidar la razón por la que los hacemos.

En casa, los más sencillos son nuestros niños, ellos van a llegar muy rápido a Belén: aprendamos de ellos, de su asombro, de su contemplación, de su sencillez que les libra de prejuicios, y no ahoguemos esta actitud tan natural en ellos ante el Niño Jesús con un exceso de regalos. Busquemos regalos bonitos, siempre pensando en la persona que los recibe. También podemos regalar un poco de nosotros mismos, como hace Dios que se nos da por entero en la Navidad.




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